miércoles 24 de enero de 2007

Crisis lectora

Desde que llegué a Avignon he vivido una constante crisis lectora o, lo que es lo mismo, pérdida de la necesidad de leer... No sé muy bien a qué se debe pero es una realidad que muy tristemente hoy por hoy me ronda; tampoco me avergüenzo de ello... Creo que tengo más ganas de escuchar música o mirar por la ventana, que de leer.

Llevo tres meses con Corazón tan blanco, de Javier Marías, y no puedo decir que no me esté gustando, de hecho, me encanta. Lo extraño es que me encanta solo cuando abro el libro y me dejo llevar por las palabras; al cerrarlo, todo queda detenido (la trama, las hipótesis, el placer de leer algo exquisitamente bien escrito...), como en una instantánea, hasta que llega el momento (quizá una semana después) en que vuelvo a embarcarme en la novela.


Davide Raggazi

Nunca antes había saboreado de esta forma un libro y, al contrario de lo que suele ocurrir cuando no somos constantes en nuestras lecturas, deseo continuar con esta aventura, con este viaje en barco, con estas idas y venidas a New York, a Madrid, a Cuba, a New York, a Madrid, a Cuba...

No sé, me gusta esta relación de te quiero, no te quiero con Javier Marías.

Así son las cosas, y así os las he contado.

domingo 21 de enero de 2007

Con todos ustedes....!!!!

.... un grupo de extraños objetos andantes en el amurallado Avignon!! Pasen, pasen y vean.

Con todos ustedes mis dos grandes pequeños (dan sentido a muchas cosas aquí): Carol y Valentín.




Esta es Gwen, una parisina que pasó por aquí y volvió a la ciudad más impersonal de Francia, muy a mi pesar. Te echo de menos.

Estos son Raúl, poeta y madrileño y Carlos, mi loca favorita (tranquila, nena, llegarás a ser una verdadera Pantoja).




Y para finalizar, la parejita feliz: David y Celia (David no está ciego, sólo se lo hace). Qué bonito es el viaje cuando te encuentras bien acompañada...

viernes 19 de enero de 2007

El principio del principio

El principio del principio de una historia. El principio que nos lleva a otro principio. El principio en cuanto a origen. El principio en cuanto a idea. Lo mires por donde lo mires, el principio del principio. Buena Senda.

Limpiar, limpiar, limpia sin parar



He pensado que la acción de limpiar en sí misma comporta, dependiendo del contexto, de las circunstancias, un significado muy ligado a la tristeza. Limpiar para olvidar algo, para olvidar a alguien. Tras la muerte de un “ser querido” y, por qué no, “no tan querido”, se presenta la situación de tener que recoger sus pertenencias. ¿Qué hacer con ellas? Por otro lado, la habitación que podía haber seguido ocupando, debe ser despejada y, posteriormente, limpiada a fondo. ¿Y cuando alguien se va de nuestra vida?, así, sin más. Queda un espacio que es necesario volver a retomar, a hacer nuestro. Y eso es un poco lo que me ha pasado a mí.Limpiar su taza de café; pasar la aspiradora (probablemente se lleve para siempre un pelo púbico, o dos); limpiar el cuarto de baño; los restos de pasta de dientes; tirar la basura, donde todavía quedan sus desperdicios; poner la lavadora con las sábanas que horas antes habíamos ocupado. Qué triste, ¿no? Y cuando ya todo parece estar en su sitio, cuando vuelve a ser “mi” espacio, la sensación de vacío es inmensa. Entonces piensas romper la aspiradora para sacar ese pelo púbico o dejar la taza de café como una reliquia, en la estantería, para toda una eternidad… Y vuelves a resituarte tú misma y dices ¿pero qué estoy haciendo?, y te quedas quieta y sonríes porque te acuerdas de que la funda de la almohada sigue con su olor, que no la has lavado, y te agarras a ella, te hundes en ella. La tranquilidad vuelve y es aquí donde viene el final feliz, un bonito recuerdo: viéndole tomar café, viendo como el croissant se deshacía entre sus manos y caían trocitos al suelo (entonces me miraba y sonreía), viéndole en el cuarto de baño, viéndole tirar unos papeles a la basura (ese movimiento de mano), viéndole dormir, viéndole mirarme…