Desde que llegué a Avignon he vivido una constante crisis lectora o, lo que es lo mismo, pérdida de la necesidad de leer... No sé muy bien a qué se debe pero es una realidad que muy tristemente hoy por hoy me ronda; tampoco me avergüenzo de ello... Creo que tengo más ganas de escuchar música o mirar por la ventana, que de leer.
Llevo tres meses con Corazón tan blanco, de Javier Marías, y no puedo decir que no me esté gustando, de hecho, me encanta. Lo extraño es que me encanta solo cuando abro el libro y me dejo llevar por las palabras; al cerrarlo, todo queda detenido (la trama, las hipótesis, el placer de leer algo exquisitamente bien escrito...), como en una instantánea, hasta que llega el momento (quizá una semana después) en que vuelvo a embarcarme en la novela.
Llevo tres meses con Corazón tan blanco, de Javier Marías, y no puedo decir que no me esté gustando, de hecho, me encanta. Lo extraño es que me encanta solo cuando abro el libro y me dejo llevar por las palabras; al cerrarlo, todo queda detenido (la trama, las hipótesis, el placer de leer algo exquisitamente bien escrito...), como en una instantánea, hasta que llega el momento (quizá una semana después) en que vuelvo a embarcarme en la novela.

Davide Raggazi
Nunca antes había saboreado de esta forma un libro y, al contrario de lo que suele ocurrir cuando no somos constantes en nuestras lecturas, deseo continuar con esta aventura, con este viaje en barco, con estas idas y venidas a New York, a Madrid, a Cuba, a New York, a Madrid, a Cuba...
No sé, me gusta esta relación de te quiero, no te quiero con Javier Marías.
Así son las cosas, y así os las he contado.