domingo 18 de febrero de 2007

París

París, "ciudad mentira", "ciudad postal", "ciudad cortázar", "ciudad ficción", "otro poema, otra palabra", "nuestro cuerpo desnudo en un hotel"... Tantas veces cantada, tantas veces odiada; así se nos presenta París, y así me lo cantan dos poetas, maestro y discípulo, discípulo o maestro.
Uno de mis grandes sueños es llegar a plasmar por escrito todo cuanto pienso y todo cuanto soy, sin pretensión alguna, sólo para mí, independientemente de quién lo lea, cuándo lo lea o cómo lo lea. De momento, la luz, tímida, no quema como yo quisiera, pero por suerte, estoy rodeada de gente que puede hablar por mí.
Me gusta encontrarme en las palabras de otros, en sus palabras, y es que París no es otra cosa que lo ya mencionado por ellos. París, esa ciudad impersonal y viceversa; París, "que no se acaba nunca"; París, que sabe a recuerdos que no me pertenecen y, sin embargo, son míos; París, ciudad contraria... Gracias por iluminar mis pensamientos.

BIBLIOGRAFÍA
López Martínez, Pedro, Libro ciudad, XXIII Premio "Vicente Gaos" de poesía en castellano, Ed. Renacimiento, Valencia, 2006.
(....)

viernes 2 de febrero de 2007

De libros y cadenas

Qué curioso el mundo este de las cadenas, y no me refiero a las de la bicicleta o a las que usan los presidiarios rayados de blanco y negro en las películas, no; hablo de los cuestionarios que se reciben y se envían y se vuelven a enviar por email. Me llegó el final de la cadena, y ahora paso a ser yo el último eslabón (gracias Pedro, será el pánico escénico). Ordeno a mis compatriotas blogger que la continúen, bueno vale, solo a aquellos que lo deseen.

Estas son las Instrucciones a seguir:

1. Coja el libro que tenga más cerquita.

2. Vaya a la página 123.

3. Váyase ahora a la quinta oración.

4. Copie las siguientes tres oraciones.

5. Publíquelas en su blog junto con el nombre del libro y el autor.

6. Ponga la cadena de tarea a otros tres cristianos.


Y esto es lo que me ocurrió a mí con Manual de pintura y caligrafía, de José Saramago:

"Estoy solo en la iglesia. Oigo los rumores de la ciudad que ha olvidado la guerra, el zumbido de los aviones, el estruendo de las bombas. Cuando me decido a salir, entra un matrimonio de viejos ingleses, altos, secos, arrugados, iguales."

Ahí queda dicho.